Existen dos tipos de donantes según la procedencia del órgano o tejido: donante vivo y donante fallecido.
Donante vivo es aquella persona
que realiza la donación en vida mayor de edad, con plenas facultades mentales y
que goce de buen estado de salud. Este tipo de trasplantes se realiza con la
garantía de que la extracción no va a representar ningún problema de salud para
el donante. Los órganos que se pueden ceder en vida son órganos pares un riñón,
una parte del hígado, de un pulmón o del páncreas. Los progenitores
hematopoyéticos (sangre periférica, médula ósea y sangre de cordón umbilical),
el tejido óseo, membrana amniótica y la piel son los tejidos que se pueden
donar en vida. Los donantes vivos más habituales son los de médula ósea y de
riñón. El órgano procedente del donante vivo siempre irá dirigido a una persona
del entorno familiar, lo que se llama donante vivo relacionado, esto siempre y cuando se cumplan con los requisitos
establecidos en la normatividad vigente.
Donante fallecido se denomina así
a la persona que dona sus órganos o tejidos para que sean extraídos tras su
fallecimiento. Los donantes fallecidos pueden ser por muerte encefálica
(destrucción irreversible del cerebro) o donantes en asistolia (parada cardiaca
irreversible); en el primer caso, cuando una persona presenta muerte encefálica
pueden ser donados órganos y tejidos; sí la persona fallece por una parada
cardiaca, solo se pueden donar tejidos. Las personas que se encuentran en
muerte encefálica se consideran médica, ética y legalmente como cadáveres.
